Una vez más, la bicicleta

Por Kalin Intillaqta – Urbanista

Foto de portada: Perú 21

En el mundo se habla cada vez más y más de las bondades de la bicicleta como un medio de transporte urbano eficiente en muchos aspectos: menor contaminación (del aire, acústica y visual); mejor salud para quienes montan bicicleta y para los que están alrededor pues significa un ciclista más es un auto menos; menor congestión en las pistas y, por lo tanto, también menos estrés; al haber menos autos y menos estrés, mejoraría también la velocidad promedio de la movilidad puesto que hay menos vehículos ocupando el mismo espacio, entre un largo etcétera. Beneficios para todos.

Muchas de estas condiciones han sido expuestas para explicar y fomentar el uso de la bicicleta y aumentar el número de personas que hoy en día opta por ella en la Metrópoli de Lima-Callao. Otro de los argumentos que han sido bastante desarrollados son las ventajas (principalmente geográficas) de nuestra urbe para montar bicicleta como su condición cuasi plana y “aclimática” (ausencia de climas extremos, salvo por tramos de un cada vez más intenso verano) . No obstante,, solo el 1%[1]  de los viajes se realizan en bicicleta en nuestra metrópoli.

Conversando sobre el tema con un colega de nombre Gonzalo,  me dijo que siempre nos hemos hecho la pregunta equivocada de ¿por qué en una situación “tan favorable” tan poca gente opta por la bicicleta para sus viajes? La pregunta correcta según Gonzalo es ¿por qué el otro 99% considera desfavorable o no tan benecifioso el uso de la bicicleta? Es a través de esta preguntaque podremos hacer evidentes aquellos problemas y potenciales que debemos abordar para hacer de la bicicleta (y cualquier otro vehículo no motorizado) una opción real de transporte en una ciudad como la nuestra. Sin duda, la solución, como en la mayoría de problemas sociales, pasa en cierta medida por la participación y la acción colectiva, la cual promueva una cultura de respeto al peatón y al ciclista donde no sea solo una exigencia a los gobernantes sino también a los gobernados por fomentar este medio de transporte sostenible.  Pero para eso, hay que tener en cuenta los siguientes factores:

Largas distancias: si bien es cierto que muchas personas hacen trayectos que se vuelven poco asequibles en bicicleta, en el año 2004, en la Metrópoli de Lima-Callao, la distancia promedio de un viaje completo era de 7,1 km, y el 70% de todos los viajes tenía una distancia de menos de 7,5 kilómetros[2]. Este dato indica que para ese año, el 70% de los viajes, teóricamente, tenía el potencial de realizarse en bicicleta. Este dato continúa siendo real de manera proporcional a nuestro crecimiento poblacional, lo cual nos lleva también a concluir que nuevamente el rechazo a la bicicleta viene principalmente por el peligro que esta evoca al circular en compañía de los autos, combis y buses.

Inseguridad vial: una de los principales factores la percepción de peligro relacionado al uso de la bicicleta, ya que los conductores de autos no respetan las señales ni al ciclista y que uno corre el riesgo de sufrir un accidentede camino a  casa. Es cierto que los accidentes viales en la capital tienen una alta tasa de mortandad[3], pero tenemos que pensar quienes son los que conducen aquellos automóviles y cuáles son las razones de su evidente imprudencia, y que los conductores somos también nosotros: es un tío, es el amigo de un primo, es el vecino, etc. ¿Es acaso objetivo de todos ellos atropellar a alguien en su camino? Difícilmente vivimos en medio de una “sociopatía” generalizada. También es importante mencionar que existen niveles de inseguridad en distintas zonas de la ciudad: no es lo mismos manejar bicicleta en San Juan de Lurigancho que en San Borja.  Condición relacionada a los niveles de fiscalización, lo cual conduce a comportamientos diferentes por parte de  los que circulamos por esas calles.

 

Bicicletas versus autos. / Foto: Perú21

Los gases tóxicos que se respiran: otro argumento común en contra del uso de la bicicleta es la contaminación ambiental a la cual uno se expone al recorrer las calles. Respirar todos los gases nocivos provenientes de los automóviles en la desprotegida bicicleta es otra razón real de muchas personas para descartar la bicicleta como opción. No obstante, parece que no estamos al tanto de que ir dentro de un automóvil puede ser incluso más perjudicial para la salud que estar fuera de él. Muchos de los gases producidos por los motores de los automóviles ingresan directamente a las cabinas de los autos, siendo esto más perjudicial para la salud respiratoria que los gases emitidos a través del tubo de escape de los vehículos.

Es necesario evidenciar que la mayoría de accidentes se generan por exceso de velocidad, es decir, por el simple hecho de no respetar las normas. En ese momento debemos frenar nuestras revoluciones mentales y hacernos la pregunta: ¿necesitamos más ciclo-vías o más respeto en las vías existentes ? Lima cuenta con alrededor de 180km[4] de vías ciclistas, siendo su principal problema  la falta de conectividad entre ellas . En ese momento debemos nuevamente reflexionar y comprender que la bicicleta en este estado del arte no se trata solo de una opción modal, se trata también de una decisión colectiva. Esto no significa que nuestros gobernantes, nuestros alcaldes o nuestros funcionarios, no tengan nada que hacer al respecto, sino que  que el primer paso podemos y debemos darlo nosotros mismos con una decisión: el respeto asociado a una mayor cultura vial.

Gráfico 1: Porcentaje de viajes realizados en bicicleta y km de infraestructura ciclista Fuente: Investigación BID

El respeto es entonces la respuesta esencial para poder aumentar los viajes en bicicleta tornado el resto de argumentos  de segundo  orden frente a este grave problema. Falta de educación vial: un elemento clave es que no tenemos una formación en “urbanidad”: La urbe remite al entorno social en el que viven y conviven las personas. En este entorno de urbanidad, se establece una relación de convivencia en la que es positivo buscar el bien común ya que el bienestar del grupo también fortalece el bienestar individual. En relación con la cualidad de urbanidad, esta característica remite a las personas cuando ponen en práctica sus buenos modales y su cortesía con gestos de respeto hacia los demás.Una anécdota; en una conversación con un taxista colombiano, este me preguntó a que me dedicaba a lo que le respondí “soy urbanista”. Ante mi respuesta el señor taxista parecía desconocer mi carrera y le expliqué que me dedicaba a gestionar la ciudad, que mi objetivo profesional era lograr el bienestar en las ciudades a lo que él me respondió “ah, tu das clases de urbanidad, eso que nos enseñaron en el colegio”. Esto me hizo notar que tenemos problemas estructurales que nos impiden desarrollarnos como ciudadanos (y como país):problemas en la educación.

Así el tema del respeto puede ser abordado por muchas aristas, pero una de ellas y probablemente la más importante es la comunicación y esta debe darse a través de procesos participativos. Generar una mejor infraestructura (más segura) o programas de fiscalización más intensos (para los cuales hoy no hay un gran presupuesto) son elementos que no tendrán mayor efecto si es que nosotros, los ciudadanos, no los exigimos o no los hemos tomado como nuestros.Nuestros 180km de vías ciclistas, así como el plan de ciclo-vías de Lima que pretende 350km de ciclovías, no tendrán mayor efecto siempre y cuando nosotros no deseemos cambiar nuestras conductas nocivas y agresivas en la calle, sino cambiamos el criollismo y la violencia por la cordialidad y la solidaridad para nuestros conciudadanos, nuestros iguales. Como última referencia, entendamos que muchas ciudades ya no implementan ciclo-vías segregadas puesto que han logrado reducir, primero, el número de accidentes de sus calles a través de reglas de convivencia en la vía que invitan al respeto y a la protección por los más vulnerables en las calles: el peatón y el ciclista. Si partimos entonces de la idea del respeto, podríamos no solo fomentar un medio de transporte sostenible y amigable con el medio ambiente, sino que también podríamos ahorrar muchísimo recursos económicos evitando hacer infraestructuras exclusivas que como bien dice su nombre, al fin y al cabo terminan excluyendo. Optemos por el respeto, por el compartir, por comportarnos como ciudadanos y no como individuos.

Para terminar, me dirijo a aquellos que tienen poca o ninguna fe de que nuestra situación va a cambiar. Cuando hablo del respeto la primera respuesta que recibiré de los desesperanzados será “si acá uno tiene que ser vivo pues”. Eso es una gran mentira la cual ya ha sido desenmascarada en nuestra misma ciudad. Con la llegada del Metropolitano, los Corredores Complementarios y la Línea 1 del metro de Lima, muchos pensaron que  nadie respetaría la cola para subir al transporte, sin embargo,hoy en día la gente la respeta y, además, exige que se de paso al adulto mayor, a la madre con niño en brazos, a la mujer embarazada y a cualquiera que verdaderamente le puede servir ese pequeño apoyo.  Esto se da obviamente porque nos encontramos en un ambiente que nos invita a comportamientos más sanos y a respetar/colaborar con el resto de personas. Generar esos ambientes también depende de nosotros, pues respetos guardan respetos y no hay mejor enseñanza que la que se da con el ejemplo.

A pedalear entonces.

Imagen 1: buses “convencionales” en desorden vs. el corredor azul (TGA) en situación de respeto. Fuente: Archivo internet

 

[1]              MML, 2015

[2]              JICA – 2005

[3]              PNP, más de 500 muertes el año 2015

[4]              MML / PEMTNM – 2016

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