Sí planeamos, no gestionamos

Iván Ramírez Serpa  – Arquitecto urbanista

En vista de los últimos acontecimientos de huaicos y desbordes de ríos sucedidos en varias de nuestras ciudades, incluida la capital, se ha escuchado la palabra “planificación” recurrentemente, como una acción política pendiente, una demanda que al parecer la ciudadanía lo podría tener mas claro como consecuencia del accionar de la naturaleza, y que también los técnicos y expertos claman que ha llegado la hora de planificar.

Pero algo en esta petición no termina de aclararse, o particularmente no lo entiendo. Pues la cultura de la planificación en el Perú y en capital tiene arraigos desde hace décadas, solo es necesario considerar algunos referentes como, la página del Observatorio Urbano del Ministerio de Vivienda, en donde se encuentran varios niveles de planes de desarrollo urbano generados por ciudades de la costa, sierra y selva.

Además específicamente en el caso de la ciudad de Lima y Callo, la tradición de planificar viene desde mediados del siglo XX, con el Plan Piloto de Lima de 1949, al cual seguirían dos planes urbanos más. Y la propuesta del PLAM 2035, elaborada entre el 2013 y 2014, la cual a dos años de su presentación ha carecido de interés por ser revisada por la actual gestión municipal. De la misma manera en el caso de la capital también se formuló el Plan de Transportes Urbano de Lima y Callao, a cargo del Ministerio de Transporte y Comunicaciones, con el apoyo de la cooperación japonesa en el 2005 y actualizado 2012.

Tras la emergencia, queda mucho por hacer en materia de planificación para una nueva ciudad / Foto: Andina

Un ejemplo más de planificación urbana en la capital, es lo realizado por parte del Programa Barrio Mío de la Municipalidad de Lima, entre los años 2010-2014, en donde se elaboraron los llamados Planes Urbanos Integrales – PUI en zonas vulnerables de la periferia de la ciudad, en los distritos de Huaycán, San Juan de Lurigancho, Comas, etc. Inspirados en los PUI de Medellín (Colombia) o el Programa Favela Barrio de Rio de Janeiro (Brasil), en donde este tipo de intervención en barrios precarios habían demostrado el éxito de su aplicación para la regeneración urbana.

Varios de estos PUI de Barrio Mío ya contaban con una importante validación participativa de la población y con expedientes técnicos completos de factibilidad y ejecución, que en el momento del cambio de gestión municipal fueron anulados en su totalidad. Y así podría seguir enumerando planes y mas planes… En todos estos emprendimientos planificatorios el Estado -ya sea mediante sus ministerios, dependencias especializadas o municipios- ha promovido la planificación, pero de la misma manera la han desconocido y ninguneado, solo por el  egoísmo y mezquindad politiquera, burda y falsa política es estado máximo.

Por estos referentes, no creo que haya una ausencia de planificar la ciudad y el territorio, ni un desinterés por parte del Estado en promover estos procesos. Lo que se considera indudable es que no existe una decisión honesta y objetiva por gestionar los planes y regular los procesos urbanos y territoriales, el estado por la emotividad politiquera, la burocracia ineficiente o la influencia de poderes, se anula así mismo en esta responsabilidad.

Uno de los comentarios recurrentes a la hora de evaluar la dinámica latinoamericana territorial y urbana en general es la ausencia en mayor o menor medida del Estado, y que por las diferentes coyunturas no ha sido capaz o no le ha convenido asumir la gestión urbana y territorial, solo mirar la historia y la situaciones actuales en el caso de la capital, el Estado no fue capaz de proveer vivienda y ciudad a la gran ola de migración que llego a Lima entre 1940 y 1990; desde la mitad del siglo XX, el Estado no ha sido competente de operar un eficiente transporte público integral para los millones de viajes diarios que han crecido raudamente en la ciudad; al Estado no le ha importado tecnificar y consolidar las nuevas centralidades económicas en el Norte, Este y Sur, gestadas por un gran emprendimiento popular que emergieron en la década de 1990, a raíz de las medidas salvavidas del libre mercado. Al Estado a pesar de su contar con buenas herramientas de planificación, no le ha interesado controlar la ciudad y el territorio, ha deslindado sus responsabilidades y se lo ha dejado puramente a la empresa privada, o al emprendimiento o criterio popular o al neoliberalismo bruto y achorado de última tendencia mundial.

Plano Básico de Lima (1948) / Foto: Urbvial

Para Willey Ludeña, la ciudad de Lima de inicios del siglo XXI, es el resultado del juego libre de un mercado totalmente desregulado y abandonado a las fuerzas instintivas del capitalismo salvaje del siglo XX. Pero la situación descrita no es novedad, no es algo de estas últimas décadas, lamentablemente es la manera de como se ha forjado la ciudad, sobre todo desde el siglo XX. En una entrevista a Fernando Flores (autor del libro Haciendas y Pueblos de Lima. Historia del valle del Rímac) en el blog Lima Milenaria, hacia la década de 1920, con la primera gran expansión de la ciudad, menciona que lo único que hizo el gobierno fue la entonces llamada Av. Leguía (hoy Av. Arequipa), y todo lo demás lo dejó a los hacendados, menciona que estos fueron gente con visión empresarial, pero que jamás tuvieron la visión de construir ciudad. Desde aquellas épocas, la ciudad ya era un libre mercado. La oferta y la demanda han regulado la ciudad permanentemente al margen de la planificación existente.

La actual situación de desastre para las ciudades y poblaciones del Perú, es una situación crítica que tampoco es de ahora, pero como somos más, y existe Facebook, se siente más, y que debido al cambio climático se acrecentará. Así que suena perturbador, pero la sombra del desastre nos acecha, la naturaleza nos ha mostrado mínimamente su inclemencia y la fragilidad de resiliencia de nuestras ciudades y sus comunidades han sido expuestas. Recordemos que Lima y todas las ciudades de la costa del Perú, son altamente vulnerables a la acción sísmica, según el PLAM 2035, existen mas de 1 millón de habitantes en zonas de pendiente y alrededor de 20 mil zonas de riesgo altísimo, superando el 50% de pendiente, una inmensa cantidad de potenciales damnificados.

En este contexto ¿El estado también dejará la gestión de desastres, la vulnerabilidad o resiliencia al criterio popular o al libre mercado?, ¿qué tipo de gestión de planificación interesa políticamente?, ¿qué tipo de planificación será respaldada y exigida que sea ejecutada? Lleva a pensar que justamente estos momentos críticos son para reflexionar, definir un interés común. Exigir que se ejecute una planificación que proteja los interesas comunes y sencillos de la vida de la gente, asegurando el patrimonio básico y esencial familiar, es decir salvaguardando la vivienda y la producción local ante situaciones críticas de desastre.

Foto de portada: Invasión en el Morro Solar de Chorrillos, 2015. (El Comercio)

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