La dimensión temporal de la justicia

Por: Tania Herrera
@tierreralima

Desde hace algunos años el interés por las dinámicas espaciales va cobrando mayor importancia en las investigaciones de científicos sociales. Este giro espacial, o esta incorporación de la variable espacial en el análisis de los procesos sociales, tiene como correlato la exploración de nuevos objetos de estudio. Varios trabajos que tratan sobre la justicia social toman en cuenta la espacialización de las desigualdades en la ciudad, expresadas, por ejemplo, en procesos de segregación residencial a diferentes escalas (ciudad, distrito, barrios). De ahí que el término “justicia espacial” se hiciera tan popular en los últimos años. Así, cuando hablamos de justicia social es preciso tomar en cuenta el componente espacial, las diferentes experiencias urbanas existentes en la ciudad.

Como sucede con las periferias de otros países, las de Lima se caracterizan por una reducida inversión pública en infraestructura y obras. Mientras que los capitales públicos (generalmente en asociación público-privada) privilegian invertir en otros espacios de la ciudad, las iniciativas privadas han encontrado varios nichos comerciales en el abandono de las periferias. Desde gimnasios, escuelas, clínicas, hasta los famosos taxis-colectivo (que no deben confundirse con el transporte colectivo).

Centros comerciales. Una nueva forma del “espacio limeño” / Foto: América TV

Quienes vivimos en alguna periferia de Lima experimentamos la injusticia cotidianamente, ya sea por la contaminación ambiental, la falta de equipamientos deportivos y de áreas verdes, o por la no-regulación pública de la seguridad ciudadana. Debido a que no disponemos de mucho tiempo para disfrutar nuestros espacios públicos próximos a la vivienda, sostengo que la injusticia también es experimentada, cotidiana e intensamente, en su dimensión temporal. Un buen ejemplo es el transporte, sea por trabajo o por estudio, nos toma alrededor de tres horas diarias llegar a nuestro destino. La disponibilidad de recursos económicos determinará el medio de transporte a emplear, el tipo de espera, y mientras menos dinero puedas gastar, más tiempo pasarás en el bus.

Vemos cómo la variable temporal emerge indisociable de nuestra experiencia espacial. Estamos lejos espacial y temporalmente. Sin embargo, las técnicas irrumpen en nuestra experiencia y percepción de la distancia. Quienes somos asiduos usuarios de la Línea 1 del Metro sabemos qué quiere decir esto. El tren eléctrico ha modificado nuestros ritmos, pues los viajes que tardaban sesenta minutos, ahora podemos hacerlos en treinta. Sin embargo, debido a la gran demanda, las largas colas matutinas y nocturnas aumentan el tiempo de viaje y, una vez frente a la puerta del vagón, la desesperación crece y los conflictos estallan debido a la imposibilidad de subir o de viajar cómodamente. Requerimos más vagones y es necesario incrementar la frecuencia en el paso de los trenes, principalmente en hora punta.

No es posible que los únicos medios de transporte masivo en la ciudad (Metropolitano y Línea 1 del Metro) pasen solamente hasta las 10 y 11pm.  Necesitamos un plan matutino y nocturno de transporte que responda a nuestros ritmos urbanos. Las políticas públicas deben priorizar a quienes tienen más dificultades para acceder a la ciudad, pues el derecho a ésta reclama la reducción de las distancias físicas y temporales.

Foto de portada: ANDINA/ Norman Córdova

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